“Atrévete a cambiar”

“Atrévete a cambiar”, eso es una de las lemas del cuerpo de voluntarios Jesuitas. En Stand Up Sisters 2017, hermana Rhonda Miska recuerda como su experiencia en Nicaragua con el cuerpo de voluntarios Jesuitas le cambió. Rhonda es una novicia, o sea, una hermana en formación, con las hermanas dominicanas de Sinsinawa. Soy Jennifer Szweda Jordan, y yo produje Stand Up Sisters, o Hermanas Heroicas, cual es patrocinado en parte por Semana Nacional de Hermanas Católicas y traída a ustedes por este podcast de Sisterstory presents.

Aquí esta Rhonda: Cuando yo era niña, en Wisconsin, en el norte de los Estados Unidos, los viernes durante la Cuaresma, siempre significaban la misma cosa. Una cena de macarrones con queso, y palitos de pescado, y luego asistir a la parroquia de Saint Bernard’s, para la viacrucis. Allá con cantos, con las escrituras, y con silencio, nos recordábamos la pasión, el sufrimiento de Jesucristo.

Ahora, vamos a viajar en el tiempo y espacio, unos diez años, y 2000 millas. Es viernes santo, el último viernes de la Cuaresma. De nuevo yo me encuentro en una iglesia, con canto, con las escrituras, y con silencio; para recordar la pasión de Cristo, pero no es lo mismo. Yo estoy viviendo en San José de Cusmapa, como voluntaria Jesuita. Y la experiencia de la iglesia, ya no se queda dentro de las cuatro paredes de la iglesia. Sino, hemos salido a la calle en procesión. Es una procesión funeraria, en el estilo internacional típicamente latinoamericano. Han sacado el cuerpo del crucifijo, lo han puesto en un ataúd, y ahí enfrente de la procesión, hay hombres cargando el ataúd, y también cargando velas. Ahí estamos todos, abuelitos y abuelitas, jóvenes del grupo juvenil, niños y niñas, y hasta unos cuantos gallos y gallinas, perros y gatos que se reunieron.

Caminamos cantando: Si grande es mi culpa, mayor es tu bondad.

San José de Cusmapa, es un pueblo en las montañas del noreste de Nicaragua, fronteriza con Honduras. Allá mis vecinos trabajaban como campesinos cultivando café y maíz. Me acuerdo que en la temporada de la cosecha de café, el café se secaba en el sol, en la calle, por lo menos en unas cuantas calles adoquinadas, porque la mayoría de las calles, donde tierra, que significa mucho polvo en el verano, cuando todo está seco, y mucho lodo en invierno, cuando hay lluvias fuertes. Bueno, yo, como muchos de mis vecinos en la procesión, tenia puesto chinelas, la palabra nicaragüense para sandalias, o chancletas. Realmente no son zapatos adecuados, y no dan ayuda para caminar. Tengo memorias de mis salidas a comunidades rurales, fuera del pueblo de Cusmapa. Yo tenía puesto siempre botas de montaña, un sombrera(brero) contra el sol fuerte. Y siempre caminaba con una botella de agua en mi mochila. Y de repente me pasó caminando mucho mas rápido que yo, una mujer mayor. Y en algunos casos, cargando leña en la cabeza, o un niños en sus brazos, con chinelas puestas, chancletas baratas de hule. Es un momento de humildad para mi. Porque me daba cuenta que no me había adaptado a la vida en el campo nicaragüense. Hay muchas capacidades que una niña aprende antes de cumplir los diez años de edad. Como lavar ropa en una pila, echar tortillas en un fuego de leña, hablar bien el español sin acento. Pero a mí me gustaba mucho adquirir tales capacidades. Entonces, ahí estoy, caminando en procesión con mis vecinos, con mis chinelas puestas, en la noche oscura. Estamos bajando una cuesta, y caminé por una parte de la calle de grava y tierra. Y de repente, sentí que mis dos pies salieron enfrente de mi, y la gravedad me jaló hacia abajo. Antes de poder decir, o hacer nada, inmediatamente, pude sentir manos fuertes en mis brazos, en mis hombros, en mi espalda, en mis codos, en un movimiento espontáneo y natural, las personas que estaban a mi alrededor, me agarraron y me levantaron para poder encontrar mis dos pies debajo de mi. Como una ola en el océano, siempre continuábamos saliendo hacia delante, y cantando en la procesión. Yo me quede asombrada y pasmada que mis vecinos me agarraron y me (lav) me levantaron así: Si grande es mi culpa, mayor es tu bondad.

Desde tal momento en la procesión, el viernes santo en Cusmapa, mi imagen de la iglesia ha sido esta: el pueblo de Dios, caminando juntos en el camino.

Muchas veces no hay luz, y no se mira bien la ruta, es posible que literalmente, o metafóricamente, uno pisa en los pies de otra persona, pero seguimos adelante con nuestros ojos fijos en Cristo. En veces, yo me encuentro con fuerza, y puedo ver que alguien a mi lado, camina con dificultades, y yo pueda extender mi mano para ofrecer ayuda, y en veces, como fue tal día, en Cusmapa, yo me encuentro con dificultades para poder seguir caminando, y necesito depender de otros para volverme a mis pies, para que yo pueda seguir en la jorna (jornada).

Ahora, viajamos en tiempo y espacio de nuevo, diez años más, y 2000 millas. De nuevo, en mi tierra natal, trabajando en la ciudad de Dubuque en el estado de Iowa, como parte de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Dubuque, y viviendo en Sinsinawa, Wisconsin con las hermanas Dominicas. De nuevo, estoy trabajando con centroamericanos, pero, ahora, ellos han cruzado la frontera, no yo. Mayormente, trabajo con niños guatemaltecos, en procedimientos legales, que han huido violencia y pobreza en su país; para poder reunirse con familias en los Estados Unidos. Esto fue, hace algunos meses, durante la temporada de adviento. Los días antes de la navidad. Cuando anticipamos el nacimiento de Jesus. Y hay nombres muy lindos, en las oraciones de la Iglesia. Después de una consulta legal, sólo unos cuantos días antes de la navidad, la abogada de migración y yo, nos despedimos de una niña guatemalteca. Antes de salir de la puerta, con una madurez y sabiduría increíble para una jovencita de 16 años, nos miró y nos dijo: “Dios está con ustedes”.

Imanol, que significa: Dios con nosotros, es uno de los nombres para Jesucristo en la temporada de adviento. En este momento, me di cuenta como muchas veces durante mi estadía de dos años viviendo en Nicaragua, que es en cruzar fronteras, y en el encuentro con los demás, que podemos vislumbrar por un instante, la cara de Dios, y escuchar su nombre. Y darnos cuenta de nuestra conexión profunda, como hermanas y hermanos en una sola familia humana. Si grande es mi culpa, mayor es tu bondad. Si grande es mi culpa, mayor es tu bondad.

Esa fue Rhonda Miska, o Hermanas Heroicas, o Stand Up Sisters, Cruces Fronterizos. El evento fue presentado a La Roche College en Pittsburgh. Una universidad fundada por las hermanas de la Divina Providencia. Aprende más acerca de Stand Up Sisters en standupsisters.org y echa en vistazo a Sisterstory Presents en sisterstory.org. Yo soy Jennifer Szweda Jordan. Gracias por escuchar.

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SisterStory Presents: is a collective podcast for work without a series for a home. One-offs, mini-series, short audio clips, and anything in-between; this podcast serves as a point of connection for SisterStory and the various audiences we serve.